lunes, 10 de mayo de 2010

Un beso, una lluvia, un tsunami


Tengo sueño. Me he despertado, por la mañana, cual fruto maduro al escuchar un “… y media, ¿no es tarde?”. En ese mismo instante un hombre de unos 45 años, con una calvicie considerable y un traje barato, miraba a una silla vacía. Me he dormido.


[Foto 1: Sábanas de colores rizadas entre unos muslos. El sol entra a flecos por tres rendijas de persiana. Una mujer joven duerme sobre la cama con pantalón medio bajado, a la altura de la cadera. Su mano, dentro de éste.


Foto 2, dominante roja: Mesa de nogal bautizada con papeles. No hay cenicero, ni colillas. Paquete de galletas. Botella de agua de cristal azul. Un caracol con guitarra canta sobre un marco de foto.


Foto 3, sepia, primer plano: Mirada femenina lánguida. Piel bruñida, sonrisa de medio lado.]


Me he dormido. Soñaba con lluvia que me calaba obscenamente los poros. Soñaba con avestruces que me llevaban a hombros, con capas improvisadas de celofán y con tsunamis que nacían en mis labios. “Bésame —le decía—, es sólo que tengo frío”. Y metiéndose debajo de la capa con la que me cubría de la tormenta, se metió debajo de mí, hecha lluvia; debajo de mi falda, hecha agua; debajo de mi piel, de mis charcos,… Mientras despertaba una marea en mi lengua. “Sólo porque tienes frío”—me decía. Y su lengua abocetaba mis labios a rotring de 0,2. Sentía su saliva filtrándose por mi cuerpo, como en una gruta. No me gustaba su sabor, pero lo sentía. Tibiamente me iba llenando de él y mi cuerpo se templaba. Le inspiraba… y me expiraba. Y mi lengua hacía volteretas con la suya mientras…

No ha sonado el despertador –o sí, no lo sé–. Me he levantado corriendo para convertirme en presentable cual presentación de power point. A saber: texto justificado, imágenes de apoyo, guiones entre párrafos y ¡listo!

Me he levantado y no había nadie en mi cama. Tampoco en el taxi que me llevaba —tarde— a mi destino. Pero con sueño, mucho sueño, con un sentimiento de culpabilidad palpable por mi falta de profesionalidad y con mil asuntos que resolver en un día empezado una hora tarde iba sonriendo, sin horizonte.

Buenos días.

Me he dormido.



sábado, 17 de abril de 2010

El verbo en carne viva



Tiene treinata años
y ahora todo le va bien,
tuvo mucha prisa y se salió más de una vez
fueron los excesos y las ganas de correr.

Ana tuvo eso que le hizo tenerse en pie,
tuvo mil historias
tuvo algo en que creer
y ahora coge sus tacones y la noche empieza a arder.

Tú cuidado con lo que dices
que está hecha de cicatrices
es el verbo en carne viva
es la mujer elegida no la busques déjala,
para ya, para ya
vive tu vida también
cuídate, tú cuídate
Ana siempre estará bien.

Ya no va con quince
ya sólo conoce a tres
ya no ve mañanas porque se duerme a las seis
nadie la maltrata nadie juega con su piel

Tú cuidado con lo que dices,
está hecha de cicatrices, es el verbo en carne viva,
es la mujer elegida.
No la busques, déjala,
para ya, para ya
vive tu vida tambien,
cuídate, tú cuídate,
Ana siempre estará bien.
_Letra de Supersubmarina_

domingo, 11 de abril de 2010

La cata (parte I)

Algunos tienen ese inconfundible bouquet de los que crecen al pie de la codillera. Como el Malbec, Carmenère, Torrontés… Sabores con su propia idiosincrasia que merece la pena descubrir, probar. Otros alcanzan su plenitud con el tiempo, cuando eligen su destino. Otros apuntan maneras en algunas notas aún por desarrollar que con mimo darán grandes caldos capaces de sorprender al paladar más exigente. Otros, por extraños o exóticos, conquistan la memoria de aquéllos que no admitirán haberse rendido a uvas como la Bobal o la Petit Verdot. Dicen que el sexo es como el buen vino, que mejora con los años. Dicen… eso dicen.

Con unas cuantas copas de vinos más que correctos, algunos tragos de tintas sobresalientes y muy pocos caldos de malas cosechas —una afortunada, sin duda—, aún sabía que tenía la posibilidad de degustar un mundo de sensaciones. Le quedaban años, le sobraba inquietud y, aún más, ganas por experimentar. Una coleccionista de sensaciones en toda regla con olfato, con alma de aventurera, con la piel sensible al tacto, la pasión en compraventa y la ilusión en un eterno y continuo libre albedrío. Amante más de los “vinos” excéntricos por excitantes pero también catadora de tempranillo porque la cotidianeidad se había convertido para ella en algo tan extraño como la propia rareza. Por eso, cuando le llegó aquella invitación la propuesta le pareció tan excitante como natural.

El sobre llegó a su buzón. Un sobre de papel, con lacre y sello, con caligrafía manuscrita, con borrón de tinta, sin remite... Un alarde, en pleno siglo XXI, del más puro romanticismo épico. Desplegó el folio que había en su interior con cuidado pero sin sutilezas, como quien abre una carta rutinaria porque no conoce el importe de la factura pero sabe que hay que enfrentarse a ella cuanto antes. Empezó a leer. No pudo evitar sonreír. Sonreía de medio lado y el carmín rojo de sus labios dibujaba en su cara un gráfico tick —respuesta acertada a pregunta rebuscada— entre pícaro y curioso. Su boca, un trago pequeño que saborear con los ojos cerrados. Concluyó de leer. Lo había decidido. Sin prejuicios, con la necesidad de vivir la gran aventura de su vida, con la pasión con la que se degustan los vinos. Como la kamikace emocional que era iría de “cata gourmet” a Francia.

A 100 kilómetros al noroeste de París se alzaba imponente aquella abadía Benedictina reconocible por sus arcos del siglo XIII y algunos pilares del XII. Con la ventanilla de su coche bajada del todo, escuchando Fill me with your light, llegó a la puerta. Empezaba a estar nerviosa [sonido del zigzaguero de sus medias]. Fueron a recibirla, cogieron su equipaje de su mano taquicárdica y la llevaron a un ala del claustro de la abadía huemeante de sombras. Cerca, muy cerca, se abría un pequeño jardín con un misterioso laberinto donde aseguraba la gente del pueblo que, antiguamente, jugaban los hijos de algún Luis o algún Alfonso con apellido en número romano. Algunos invitados ya se encontraban allí. No había ninguna conversación tintineante en el ambiente, sólo miradas que evitaban ser reveladoras ni impertinentes pero eran reveladoras e impertinentes. No pudo evitar pensar en si llevaba la ropa interior apropiada, en si se había perfumado, en si era la única mujer invitada, en si, llegado el momento, sería capaz... Mientras cosechaba mil pensamientos y su piel se humedecía por la ansiedad se acercaron a ofrecerle un vino. Uno con aromas especiados y suaves notas de tabaco y chocolate. Un vino elegante y prolongado, con estructura balanceante y taninos maduros. “Ideal para acompañar con la carne”, pensó. Y un nuevo tick se dibujó no sólo en su cara.

jueves, 8 de abril de 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

El tiempo de lo posible



Tenga más de tres historias que contar (sexies y muy gráficas), alguna parodia que hacer de mí misma (porque lo erótico no es siempre “cool” ) y otras tantas reflexiones sexuales que hacer (ninguna categórica pero sí vehemente). A veces es cierto que me pongo mi mejor disfraz —como diría la canción— porque ser valiente es norma obligada de la casa y combino el porte y seguridad de mi talante (y físico) con la ternura y fragilidad de mi tacto.

Ha sonado mil veces el despertador hoy lunes. Me he duchado con agua muy caliente. Me he echado crema en el cuerpo tras la ducha y me he tumbado en la cama desnuda. Me encanta hacer eso todas las mañanas, mientras mi piel se bebe la crema. Me he puesto a pensar en si me veía distinta. En si debía verme distinta. Y no, me siento igual de pequeña, igual de alocada, kamikace, igual de pasional, de intensa, de sensible, de bohemia, de lasciva y de curiosa. Un año más vieja. Llevo preparándome varias semanas para este día y me he “rayado” todo lo que estaba escrito. Creo que necesito vacaciones de mí misma y de tanto pensar (los racionalistas emocionales son de lo más cansinos, además de ser un coñazo).

¿Sigo siendo pequeña? He pensando en qué momento dejaré de serlo, por segunda vez. ¿Cuándo tenga hijos? ¿Cuándo ‘me case’? ¿Debo de dejar de serlo? ¿No avanzar implica retroceder?

Al llegar al despacho tenía un mail de una amiga mía del gremio:


*****************
Un año más…. Jugando a quitarle y ponerle horas a un reloj por antojo de los que dicen mandar… robando sueños a una esfera de café que no existe… dicen que hoy pones un año más en tu
maleta de sueños….

Dicen que creces… y que inicias los XX. Dicen que has acabado tu década de las locuras. Y que empieza la calma, la serenidad… la madurez. Dicen que cumples XX.

Y yo sigo mirando tus
ojos, tus manos, tus pies, tu risa, tu ternura, tus besos, tus abrazos… y solo veo una niña. Fíjate…dicen que cumples XX…….. y yo sólo veo una niña. Preciosa y cariñosa. Llena de eternidad y de vida. Llena de cariño y de nostalgía.

Que no nos muevan nuestras manecillas…. Que no nos quieran poner esferas a nuestros granos de café… que no nos roben nuestros sueños… que no nos quiten las ganas de JUGAR. De reír. De Soñar.

Te quiero. Siempre contigo.


****************

Me ha hecho ilusión encontrar justo la respuesta que necesitaba. Se ha vuelto todo de otro color, más positivo y optimista. He recibido, a esta hora de la mañana, noticias de toda la gente que ha forjado mi personalidad . De todos los hombres que han significado o significan algo —sea lo que sea— en mi vida.

Un lujo. No he sabido verlo hasta ahora, que es un lujo formar parte de la memoria poética de tanta gente de forma tan amable. ¿Cambiar? ¿Avanzar? ¿Una ruina seguir siendo la misma?

Se me ha dibujado una sonrisa “faunesca”. Se me ha dibujado un abanico de posibilidades. Porque el tiempo de lo posible lo es cada uno de mis días. Porque él o aquél sólo son capítulos de mi vida. Mi auténtica historia aún se está escribiendo. Sin duda.



Pd: Y este es un post coñazo del todo. Ni lo voy a repasar y lo mismo me da que reúna el estilo y el carácter retórico con el que intento dotar a mis verbos. Sólo lo quiero dejar escrito por si me olvido en algún momento. Y hoy brindo por todos vosotros. Que me quiten lo bailao ;))))

jueves, 11 de marzo de 2010

Reflexiones

"Herencia..., evolución…: transmisión. El verdadero valor no está tanto en lo que generosamente hemos heredado, como en aquello que generosamente debemos aportar." de Antonio Jiménez Torrecillas.

lunes, 22 de febrero de 2010

Lunes de domingo


¿En qué puto momento se me ocurrió enamorarme? En serio… ¿cuándo y por qué? No es sólo que ayer se me pasara por alto que era domingo y hoy lunes lo haya advertido. No es sólo que llueva, que tenga la ropa tendida y que tenga que volver a lavarla. No tiene nada que ver con que hoy no me llame. No tiene nada que ver con nada. Pero por qué se me ocurrió y, lo que es peor, por qué sigo. Hace un mes que sé que iba a estar justo en este mismo punto… Me sorprendí a mí misma llorando porque le echaba de menos y lloré aún más fuerte por la evidencia absoluta de que sentía más de lo que creía. No, en serio, quién coño me mandó a mí enamorarme. Y me engaño a mí misma cuidando el plantel de conquistas pensando que con ello sigo siendo la misma, sigo teniendo la misma vida pero… es lunes y estoy doblando calcetines.
Me gustaría decir que son medias de encaje, lencería fina, camisas vaporosas… pero no, son unos absurdos y prosaicos calcetines. Muy coloristas pero, al fin y al cabo, tienen los talones gastados. Me he sentado con la idea de añadir algo cool y bohemio a mis pintas de “ama de casa” pero estoy leyéndome y esto parece un monólogo de los malos del club de la comedia. Será que cuando estás enamorado pierdes la gracia, no sólo el erotismo.
Definitivamente es lunes y me sabe a domingo.
Me siento de domingo, sí.
Creo que iré a masturbarme.
Porque como dijo Unamuno, “el sexo es el opio del pueblo. Opio, sí. Démosle opio (al pueblo), y que duerma y que sueñe”.

viernes, 8 de enero de 2010

Lunas sin luna

Olvida todo lo que voy a decirte.
Quédate con el murmullo de mi voz y con la sensación plácida de haberme cuidado.
No podía dormir. No podía. Mi cabeza no paraba de hacer señales de humo a mi cuerpo para que permaneciera despierto. Pero debía dormir.
Mientras, el sonido del Tic Tac me desafiaba a una distancia prudente para que, de forma sutil, fuera consciente de él… Y pasaban los segundos, los minutos, y seguía despierta. Empecé a imaginar cómo lamías los labios de mi boca como si fuera un pedazo de turrón. Me turbó el recuerdo del calor de tu lengua en algún lugar de mi cuerpo.
Me humedecí… pero olvídalo.
Empecé a mojar mis dedos en mi sexo por llevarlos a mi boca y saborearme, por ser consciente de cuántas ganas tenía de ti. La señal era inequívoca: muchas.

Empecé a tocarme y no sé por qué empecé a imaginarme a todos los hombres con los que había tenido sexo en el último año.
Me imaginé de espaldas, contra la pared y con las manos apoyadas en ésta, con la falda medio subida, con las bragas puestas y con ellos detrás mía, contemplándome. Uno por uno empezó a poseerme, pero olvídalo: uno despacio, agarrándome de las caderas con delicadeza por miedo a hacerme daño. Otro me abría los gluteos con fuerza mientras embestía dentro de mí. Mi pecho temblaba con cada penetración y me mojaba, sí, me mojaba por dentro y por fuera. Pensaba en cómo me comía aquel, en la polla dura del otro mojándola con mi sexo de talco. Uno más, otro que me lamía la espalda mientras rápidamente me follaba, aquel que me tiraba del pelo para metérmela hasta rozar mi orgasmo… Y apareciste tú, el último.
Con suavidad abriste mis piernas. Con suavidad te metiste en mí. Con suavidad y vehemencia me penetrabas, me susurrabas, me perdías… Y fue pensando precisamente en ti, la única persona con la que no he follado, con la que tuve el orgasmo más sublime y verdadero.

Y fue así como me dormí.

Me dormiste.
Pero olvídalo.