Olvida todo lo que voy a decirte.
Quédate con el murmullo de mi voz y con la sensación plácida de haberme cuidado.
No podía dormir. No podía. Mi cabeza no paraba de hacer señales de humo a mi cuerpo para que permaneciera despierto. Pero debía dormir.
Mientras, el sonido del Tic Tac me desafiaba a una distancia prudente para que, de forma sutil, fuera consciente de él… Y pasaban los segundos, los minutos, y seguía despierta. Empecé a imaginar cómo lamías los labios de mi boca como si fuera un pedazo de turrón. Me turbó el recuerdo del calor de tu lengua en algún lugar de mi cuerpo.
Me humedecí… pero olvídalo.
Empecé a mojar mis dedos en mi sexo por llevarlos a mi boca y saborearme, por ser consciente de cuántas ganas tenía de ti. La señal era inequívoca: muchas.
Empecé a tocarme y no sé por qué empecé a imaginarme a todos los hombres con los que había tenido sexo en el último año.
Me imaginé de espaldas, contra la pared y con las manos apoyadas en ésta, con la falda medio subida, con las bragas puestas y con ellos detrás mía, contemplándome. Uno por uno empezó a poseerme, pero olvídalo: uno despacio, agarrándome de las caderas con delicadeza por miedo a hacerme daño. Otro me abría los gluteos con fuerza mientras embestía dentro de mí. Mi pecho temblaba con cada penetración y me mojaba, sí, me mojaba por dentro y por fuera. Pensaba en cómo me comía aquel, en la polla dura del otro mojándola con mi sexo de talco. Uno más, otro que me lamía la espalda mientras rápidamente me follaba, aquel que me tiraba del pelo para metérmela hasta rozar mi orgasmo… Y apareciste tú, el último.
Con suavidad abriste mis piernas. Con suavidad te metiste en mí. Con suavidad y vehemencia me penetrabas, me susurrabas, me perdías… Y fue pensando precisamente en ti, la única persona con la que no he follado, con la que tuve el orgasmo más sublime y verdadero.
Y fue así como me dormí.
Me dormiste.
Pero olvídalo.
viernes 8 de enero de 2010
domingo 20 de diciembre de 2009
I have a dream
Te escribo no con la intención de excitarte sino de compartir mi intimidad contigo. Compartirla de la misma forma en la que escuchamos música, vemos alguna que otra película o salimos de copas. Por eso quería decirte que anoche “estuviste” conmigo.
Cerré los ojos. Tuve la sensación de que estabas a mi lado —aunque ya te echaba de menos—. Y tenía ganas de tu cuerpo, no por puro sexo, que también, sino por tenerte aún más cerca: olerte, sentir el calor de tu cuerpo sobre mi piel, sentir tus manos aprensándome para hacerme consciente de que yo estaba ahí…
Y me pongo tierna pensándote ahora. Y me sentí tremendamente excita imaginándome de espaldas a ti con mi cuerpo rozándote. Y me puse tierna pensando que me besabas la espalda. Y me mojé al imaginarte introduciendo tu mano entre mis piernas…
Y me besabas entera. Porque tengo necesidad de besos. Y me dibujabas con tu lengua: los pechos, los costados, las costillas, el ombligo, la pelvis…. Y te quedabas oliendo mi sexo y echabas tu aliento sobre él mientras que con tus dos manos abrías ligeramente mis muslos. E imaginé tu lengua tímida y sutil rozando mis labios. Y suspiraba. Suspiraba mientras mi dedo era una prolongación de tu lengua.
Y con las piernas abiertas te imaginé rodeándote…
Y te eché de menos.
Mucho
Cerré los ojos. Tuve la sensación de que estabas a mi lado —aunque ya te echaba de menos—. Y tenía ganas de tu cuerpo, no por puro sexo, que también, sino por tenerte aún más cerca: olerte, sentir el calor de tu cuerpo sobre mi piel, sentir tus manos aprensándome para hacerme consciente de que yo estaba ahí…
Y me pongo tierna pensándote ahora. Y me sentí tremendamente excita imaginándome de espaldas a ti con mi cuerpo rozándote. Y me puse tierna pensando que me besabas la espalda. Y me mojé al imaginarte introduciendo tu mano entre mis piernas…
Y me besabas entera. Porque tengo necesidad de besos. Y me dibujabas con tu lengua: los pechos, los costados, las costillas, el ombligo, la pelvis…. Y te quedabas oliendo mi sexo y echabas tu aliento sobre él mientras que con tus dos manos abrías ligeramente mis muslos. E imaginé tu lengua tímida y sutil rozando mis labios. Y suspiraba. Suspiraba mientras mi dedo era una prolongación de tu lengua.
Y con las piernas abiertas te imaginé rodeándote…
Y te eché de menos.
Mucho
miércoles 2 de diciembre de 2009
La abogada
Nunca hablo de mí en un espacio público. Aunque hable de emociones o algunas situaciones vividas la literatura siempre las adereza, las transforma... Es mi gran amante, desde que era una nena. Pero llevo dos meses raros, equilibrados, tranquilos, menos noctámbulos. La caótica se ha esfumado. También siento que he perdido el erotismo. Que he perdido la sensualidad. Tal vez he abandonado la necesidad de sentirla para sentirme yo. Me siento romántica, "cierta" -como diría aquel, que eres tú-, segura con lo que hago e insegura con lo que siento... Llevo meses sin necesitar a la Abogada.
En los que no necesito reivindicar aquello que pienso que se me debía -siempre fui una apasionada de la "justicia"-..
Donde he dejado de necesitar vivir en el pasado.
Donde he dejado de necesitar aquel 'clic' que nunca me fotografió -por cierto-, aquellas escaleras, los bailes con Gilberto Gil, aquellas llamadas manteniendo algo que nunca existió, las perversiones de calendario, las escapadas de gata nocturna, mis anonimatos, los encuentros a medio camino sin que mediara ningún paso...
El amor ha dejado de quemar.
Sigo sintiendo y el corazón no se ha parado.
Perdí el toque en mis letras, ¡ains!
Pero espero que me dejes quedarme... contigo, y contigo y, por supuesto, contigo.
Firmado: La Abogada
martes 1 de diciembre de 2009
La caja de Pandora

Último tramo de escalera. Último pasos. Los primeros.
La puerta entreabierta. Entro.
Con un gesto cierro la puerta –de Pandora- conmigo dentro.
Camino por el pasillo deseosa, excitada, sin miedo, y sigo dentro, aún más dentro. Conscientemente, dentro.
Me miro en aquel espejo, y me sorprende encontrarme.
Él está de espaldas, escribiendo o trabajando, o bebiendo, o no haciendo nada, pero de espaldas.
No sé qué piensa, ni qué espera, ni qué quiere…
No sé cómo ser, ni qué decir, ni qué sentir…
Sólo sé qué quiero. Qué necesito.
No espero nada.
La puerta entreabierta. Entro.
Con un gesto cierro la puerta –de Pandora- conmigo dentro.
Camino por el pasillo deseosa, excitada, sin miedo, y sigo dentro, aún más dentro. Conscientemente, dentro.
Me miro en aquel espejo, y me sorprende encontrarme.
Él está de espaldas, escribiendo o trabajando, o bebiendo, o no haciendo nada, pero de espaldas.
No sé qué piensa, ni qué espera, ni qué quiere…
No sé cómo ser, ni qué decir, ni qué sentir…
Sólo sé qué quiero. Qué necesito.
No espero nada.
Me levanto la falda y me bajo las bragas con poca sutileza, pero con falso descaro.
Me agacho a por ellas. Las cojo con una mano.
Sí, están mojadas.
¿Cómo se juega a ser sexy?
¿Cómo se juega a ser atractiva?
Le saludo verbalmente. No hace ademán de levantarse.
Apenas me mira. Le fuerzo, aún sentado, a darme dos besos.
Me siento…
… me habla de física, o de diseño, o de tendencias. Lo mismo no me está hablando.
Me esfuerzo por seguir su conversación.
Abro mi mano y dejo, ante sus ojos, las bragas sobre la mesa.
…
Las mira sin mover la cabeza, sin cambiar el gesto, sin interrumpir su discurso.
…
Pienso en la puerta.
Está cerrada.
Pienso en si una actitud sexy me daría una mayor ventaja.
… me habla de física, o de diseño, o de tendencias. Lo mismo no me está hablando.
Me esfuerzo por seguir su conversación.
Abro mi mano y dejo, ante sus ojos, las bragas sobre la mesa.
…
Las mira sin mover la cabeza, sin cambiar el gesto, sin interrumpir su discurso.
…
Pienso en la puerta.
Está cerrada.
Pienso en si una actitud sexy me daría una mayor ventaja.
En si puedo serlo, en si de verdad lo soy.
Pienso en por qué estoy allí, en por qué mi lencería estaba húmeda, en por qué entré…
Me relajo en mi silla. Opto por ser la que soy.
Me relajo en mi silla. Opto por ser la que soy.
Escucho, intervengo, reflexiono.
Cojo de la mesa las braguitas y me las vuelvo a poner ante los ojos de mi interlocutor.
“Ven”, me dice.
Y mientras termino de subírmelas le sigo hasta… su cama.
“Desnúdate”, me reta.
Cojo de la mesa las braguitas y me las vuelvo a poner ante los ojos de mi interlocutor.
“Ven”, me dice.
Y mientras termino de subírmelas le sigo hasta… su cama.
“Desnúdate”, me reta.
“Déjate las bragas puestas”, me desconcierta.
Obedezco la orden sin cuestionarla, sin excitación, sin morbo.
Sin ritual me tumba en la cama y me abre las piernas.
Obedezco la orden sin cuestionarla, sin excitación, sin morbo.
Sin ritual me tumba en la cama y me abre las piernas.
Me lame, no me besa; me lame y chupa el clítoris sorteando mis bragas con su lengua mientras, con sus manos, separa cada vez más mis muslos.
No soy capaz de relajarme ante tal falta de artificio amatorio.
¿Realmente necesito amor? No. Necesito sexo.
Y ante tal aplastante respuesta me abandono y me empiezo ahogar entre mis propios gemidos. Mi piel renace ante mi sudor, ante la imagen de mí misma abierta de piernas sobre esa cama.
Con su dedo dentro de mi coño, comienza a escalar por mi cuerpo hasta alcanzar mis pezones. No se detiene en adornos, en sutilezas lascivas.
No soy capaz de relajarme ante tal falta de artificio amatorio.
¿Realmente necesito amor? No. Necesito sexo.
Y ante tal aplastante respuesta me abandono y me empiezo ahogar entre mis propios gemidos. Mi piel renace ante mi sudor, ante la imagen de mí misma abierta de piernas sobre esa cama.
Con su dedo dentro de mi coño, comienza a escalar por mi cuerpo hasta alcanzar mis pezones. No se detiene en adornos, en sutilezas lascivas.
No abre la boca más que para comerme sin contemplaciones y advertirme: "no te voy a follar hasta que te hayas corrido tres veces".
Y quiero que me penetre, que me arranque con su miembro todo lo que se ha quedado ahogado en mí. Quiero que me haga gritar, llorar.
Y quiero que me penetre, que me arranque con su miembro todo lo que se ha quedado ahogado en mí. Quiero que me haga gritar, llorar.
Me concentro en mí misma, en mi propio orgasmo. Trato de eludir qué soy, cómo soy y por qué estoy allí, abierta de piernas, mojada, decidida, cierta, consciente...
Y sin parar de mirarme, sin dobles intenciones, ni mensajes entre líneas...
Y sin su miembro pero sí con sus dedos, sus manos, sus labios, su piel...
Y sin minutos, su fuerza y su temperamento...
Dos.
Muero con dos.
Su boca llena de mí me besa, ahora sí, con absoluto respeto y cariño.
Respiro, sonrío.
¿Qué es ser sexy?
Me visto sin ceremonias. Visto a la mujer que me siento, por fin.
Me despido.
Salgo por la puerta, pero aún sigo dentro, dentro, entré.
Entré en la Caja de Pandora.
Bajo las escaleras mientras saco del bolso el móvil.
Un mensaje sin leer parpadea.
Doy a responder:
"Cariño, estaba en la peluquería poniéndome guapa.
Compro el pan pero puedes acostarte si estás cansado. Besos".
Enviar.
Sí, me quedo dentro de la Caja de Pandora.
martes 13 de octubre de 2009
De tanto latir

Ando bebiéndome las calles, respirando otro amor.
Añorando algo que jamás tuve.
Mendigo, sí; mendigo besos, abrazos con todo el cuerpo, caricias discontinuas, arañazos verticales, que me hagan llorar. Y palpito.
Y lloro. Lloro porque no sé qué quiero pero sí lo que no quiero.
Lloro porque necesito darme, arrancarme y dolerme en cada impulso.
Y pun-pun... pun.
Lloro porque no quiero que estén a mi altura, ¡que se suban a una silla!
Que yo lo que quiero es que me desordenen el nombre y me arranquen el apellido.
Pun pun- pun pun.
Y el tiempo pasa. Pasa el tiempo de lo posible.
Que surja la magia cuando te rocen la piel. Que el tiempo pase suave.
Suave, suave como la luz que repiquetea en mi ventana.
Y me dice no.
No a mi piel, a mis manos, a mi voz.
No.
No.
Retumba el no y odio el mí.
Pun pun... pun pun.
Y hoy no haré el pino para ver la sonrisa al horizonte.
Y hoy no haré eco al andar.
Me callaré. Me callo.
Y es que de tanto latir se me parará el corazón.
lunes 28 de septiembre de 2009
El descubrimiento del amor
- ¿Qué has podido encontrar en mí esta tarde ?- añadió - Sólo lamento lo imposible de haber sido para tí lo que tú has sido para mí.- Has sido la única - respondió él, gravemente - Siempre sois la única. Ninguna mujer es igual.
Ella dudaba. triste, reprochándose su insignificancia.
- No al final -insistió él- , sino antes, en los ojos. Cuando uno ya posee la mirada femenina, mientras la trémula mano todavía se resiste. Cuando aún las palabras en la boca dicen no, pero los labios y los ojos ya se han rendido. Los ojos deslumbrados y asustados, maravillados y confusos, que ven llegar al hombre como una marea inmensa. Con tal que él sepa llegar siempre por primera vez y no deje nunca de convertir en amante a la más ocasional de las parejas. Sí, siempre la mujer es única cuando ve llegar lo que para ella eclipsa el mundo entero, porque es su mundo; siempre el amor bien hecho es el descubrimiento del amor.
José Luis Sampedro, Congreso en Estocolmo
Así
Te inclinas en un pulso con la gravedad.
Cierras tus labios sobre mi vientre mientras tus manos pestañean sobre mis muslos.
Me miras a los ojos mientras abres mis piernas.
Las abres.
Me miras.
Me miras y tu lengua arrastra a su paso mis bragas.
Siento tu aliento sobre mi sexo, mi flor púrpura, mi coño… sobre mí misma.
Siento cómo besas mis labios a través de esa celosía de hilos.
Siento, te siento.
Separas mis pétalos con la ropa interior y los quemas mientras los templas con tu saliva.
Retiras mi ropa interior. Besas mis ingles, mi ombligo, mi sexo… Y mientras me comes a besos (una pantonera completa de besos) metes un dedo dentro de mí.
Te miro.
Te suspiro.
Te gimo.
Tu dedo hace eses dentro de mí mientras tu cabello masajea mi pierna, en la q te has recostado.
… mientras haces tsunamis con tu lengua sobre mi clítoris.
Mis piernas se ablandan, mi voz Dolby Surround.
Mi vientre pal-pi-ta, tu boca se bebe todos mis orgasmos.
Abro los ojos.
¡Ven!
Y ahora… Ahora mastúrbame así.
Cierras tus labios sobre mi vientre mientras tus manos pestañean sobre mis muslos.
Me miras a los ojos mientras abres mis piernas.
Las abres.
Me miras.
Me miras y tu lengua arrastra a su paso mis bragas.
Siento tu aliento sobre mi sexo, mi flor púrpura, mi coño… sobre mí misma.
Siento cómo besas mis labios a través de esa celosía de hilos.
Siento, te siento.
Separas mis pétalos con la ropa interior y los quemas mientras los templas con tu saliva.
Retiras mi ropa interior. Besas mis ingles, mi ombligo, mi sexo… Y mientras me comes a besos (una pantonera completa de besos) metes un dedo dentro de mí.
Te miro.
Te suspiro.
Te gimo.
Tu dedo hace eses dentro de mí mientras tu cabello masajea mi pierna, en la q te has recostado.
… mientras haces tsunamis con tu lengua sobre mi clítoris.
Mis piernas se ablandan, mi voz Dolby Surround.
Mi vientre pal-pi-ta, tu boca se bebe todos mis orgasmos.
Abro los ojos.
¡Ven!
Y ahora… Ahora mastúrbame así.
Etiquetas:
Amante bilingüe,
dedicado a...,
sin verso,
vicios y virtudes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
