sábado, 1 de octubre de 2011

Radiación

Brutal. Si se tuviera que describir con la mayor objetividad y precisión posible, usando tan sólo una palabra, cómo fue aquel polvo sin duda el término elegido sería ese, brutal. Por lo rabioso, incombustible, por la fuerza, porque la devoraba con la boca, la abría de par en par las piernas para invadirla de pene, piel, besos y manos. Y brutal fue el orgasmo. Y brutal fue verle perecer sobre su tripa para recuperarse de ese último estertor. Los jadeos lentamente se fueron diluyendo y la respiración se fue armonizando casi como si fuera una letanía. Los dos amantes reposaban y rebosaban en paz… Un polvo brutal como un punto y final en una obra de Kundera. Sí, hasta que él pronunció: “Me escuece la polla, se me está poniendo trompeta”. Lo de trompeta ella no lo comprendió muy bien o quiso interpretarlo como una ceremoniosa metáfora, símbolo del triunfo o el alcance del nirvana, hasta que, jugando con ella vio que, efectivamente, el instrumento de su chico iba adquiriendo más que semejanzas con el musical. A curiosos y morbosos me remito: el prepucio empezaba a hincharse y adquirir una anchura como si le hubieran echado levadura. El glande era devorado así por esos labios que, a nuestra protagonista, se le antojaron más que parecidos a los labios de Tina Turner. 
Si para él todo esto, más allá del dolor o escozor al orinar y, por ende, de evitar los encuentros sexuales con la hembra, no le supuso mayor problema, para la muchacha fue destapar la Caja de Pandora. Curiosamente esa era la primera vez que había practicado sexo sin preservativo y se preguntó si la polla-trompeta sería culpa suya y si de su Caja de Pandora (es decir, de su vagina) habrían salido todos los males.
Y del polvo brutal, al drama grecorromano, pasó al sainete.
Empezó a pensar en los tíos con los que había estado, en si tendría que tener toallitas desinfectantes al lado de su cama cada vez que la tocaran por esterilizar los dedos penetradores, pensó en si tendría una infección fruto de los baños públicos (aunque su madre siempre la enseñó a no sentarse en ellos), en si tendría alguna verruguita dentro que picara los penes en plan beso letal… Y al final llegó a una conclusión: su vagina era radioactiva.
¿Habría dejado erosionada la lengua de sus amantes?
¿Cuánto tardarían en ser conscientes de las secuelas?
¿La señalarían con el dedo diciendo “por ahí va Pussy Corrosiva”?
¿Sería marginada?
¿Debería ella misma relegarse?

Ante la posibilidad de poder montar una catástrofe Chernobilesca hizo un listado mental de todas las cosas que jamás podría volver a hacer entre las que se encontraban el sexo oral. Sólo de imaginarse la ‘cara’ de su vulva, triste y marchita, y condenada a una vida entera de masturbación con guantes de látex, decidió ir al médico.

10 días después (pronto para ser la Seguridad Social)
418, puerta A. 
Le llegó su turno. Entra en la consulta y ve al supuesto ginecólogo con una camiseta de Pesadilla antes de Navidad y un careto de pardillo que evidenciaba que a le habían robado más de un bocata en el recreo cuando era pequeño. “Yo a este no le enseño la vagina”, pensó, “y mucho menos le cuento que tengo la vagina radioactiva”. Con toda la elocuencia que le caracterizaba trató de explicarle al médico el episodio trompeta y que quería saber si había alguna relación causal entre lo ocurrido y sus flujos. Y llegó el famoso momento de desvístase de cintura para abajo, quítese las bragas y siéntese ahí con las piernas abiertas. Ains, con lo que ella había sido que ahora se sintiera escandalizada…
- Mmmm, ajá… Mmmm… Tiene la vagina perfecta. Absolutamente perfecta.
- ¿Seguro? ¿Y entonces por qué mutó su pene?
- Señorita, con todos mis respetos, ustedes tuvieron que correrse el mayor polvo de su vida… Seguramente la embistió, la acorraló, la mordió el cuello mientras la penetraba sin compasión… Es lo que se define, no médicamente, como un polvo brutal.
- Puede ser, sí –dijo la paciente recordándolo y aún con las piernas abiertas y la cara del pardidoctor entre ellas– ¿Y está usted seguro, médicamente seguro, de que mi vagina no es corrosiva y que está perfectamente sana?

Y el médico se acercó de nuevo a examinar su vagina. Abrió ligeramente sus labios carmesí y, suave y lentamente, le dio un lengüetazo.

-          Sí, estoy completamente seguro.



viernes, 22 de julio de 2011

Canción infantil


Manuel se llamaba el padre, Manuela la mujer y tenían dos hijitas que se llamaban…

Manuela se levantaba todos los días más tarde de lo que admitía. Se despertaba a las 7:15 para poner el café, recién hecho, a su marido y la bolsa de la comida a su hija pequeña. Tupper y fruta, siempre en la misma bolsa de tela. Antes de que marido e hija salieran por la puerta se metía en la cama porque, como ella bien decía, “dónde coño voy yo tan temprano”. Alrededor de las 10, con la rutinaria llamada de teléfono de su hija mayor, finalmente se incorporaba. “¿Dormida? ¡Qué va, si abrí el ojo cuanto tu padre se fue a las 7!”. Desayunaba en su hermosa cocina marmolosa frente a la tele y deglutía las interesantes y novedosas noticias del corazón con la misma avidez con la que masticaba cada una de las galletas del paquete entero. Sí, evidentemente esta cantidad también era negada ante notario sin pestañear, con vehemencia. Esto lo hacía muy bien Manuela. Una vez tuvo una gran trifulca con la propietaria de la casa pareja a la suya. Si bien es cierto que la señora llegó, sin motivo aparente, aporreando la puerta, gritando y escupiendo al pajarito de doña Manuela, también lo es que ésta la llamó cabrona y guarra. Tal espontaneidad le costó una denuncia por insultos. El día del juicio, el juez, ante la mirada atenta y degollada de la propietaria que no paraba de gritar, le preguntó a la señora Manuela si había insultado a la loca que tenían frente a ellos llamándola, literalmente, cabrona y guarra: “Señor juez, esas palabras no forman parte de mi vocabulario”, dijo con elegancia y una solemnidad incuestionable. Sí, Manuela era vehemente.
Después de desayunar, lavarse la cara, peinarse y ponerse sus pendientes (pero no las bragas, porque cortan la circulación) comenzaba el carnaval de la limpieza: bayetas, amoniaco, productos específicos para cada rincón y superficie de la casa... Las escasas pelusas supervivientes del holocausto del día anterior aguardaban agazapadas bajo la cama, silenciosas y frágiles, sus últimas horas, minutos, segundos hasta el mortal ¡zap! tragaldabas del aspirador. La limpieza gobernaba su día a día, su mundo, su forma de mirar a los demás, de verse a sí misma más inmaculada y resplandeciente en un universo de mediocridad. Se sentía digna de su marido, de su casa; se sentía mejor madre y mejor mujer. Por eso, ese “guarra” dirigido a la iracunda de la vecina era el peor de los insultos, lo más vejatorio y desproporcionado que Manuela podía pronunciar contra un ser humano.
Y pasaban las horas y se contaba las cosas que pensaba en alto mientras lavaba la ropa con un mimo artesanal para tenderla al aire libre izándola como bandera de la que se sentía orgullosa. Atusaba las hojas de sus plantas con sus manos, tocándolas, sintiéndolas; y con la misma delicadeza motivadora de vida, limpiaba a su pajarito, Pedro. Un nombre bastante absurdo para un canario que cantaba para la mejor de las audiencias, Manuela. Ella, por su parte, le contaba todos los últimos cotilleos familiares: “Te lo podrás creer… Si no les aguantan pero sí, hijo, sí, irán este fin de semana a casa de estos sólo para ir a su piscina. Y mira lo que te voy a decir, Pedro, que yo para mojarme el culo no le hago el papeleo a nadie, que antes cojo un vaso de agua y me lo echo en el chocho”. Sí, así era Manuela: vehemente, limpia, noble, maternal y auténtica.
Más tarde se arreglaba, más que coqueta, para que la viera guapa Manuel al llegar a comer a casa. Manuela vivía en un continuo noviazgo por más calzoncillos zurrasposos que lavara. Y así le esperaba en la cocina, dispuesta a complacerle (aunque fuera irreverente y cortante con él porque, ciertamente, sólo masticaba mientras ella, ciertamente, sólo hablaba)…
Y así pasaban los días en su reino; más allá de él, el mundo era lo que oía por la radio, dogma de fe.
Y así pasaban entre su rutina, el teléfono, sus quehaceres, sus productos de limpieza, su brusquedad dialéctica y su conciliadora actitud física.
Una tarde, mientras asaba pimientos en su impoluto horno, escuchó en la radio cómo hablaban de masturbación y le asaltaron las dudas sobre la trascendencia y expansión de dicho fenómeno. Cierto incendio debió provocarle en la cabeza porque empezó a imaginar qué personas de su entorno podrían  hacer algo tan “de otra época”: ¿su hermana, su cuñado, su marido, su yerno? Es por eso que, por la noche, empezó a interrogar a su hija pequeña con inocencia, sin ningún tipo de morbo, por sus prácticas porque, según el señor Manuel, cuando uno se casa ya no se masturba. “Hija, ¿y tú sabes si tu hermana se masturba?”. La menor de la señora Manuela se quedó fascinada, una vez más, ante la falta de prudencia y tacto de su madre. “Pues mamá, esas cosas son privadas y forman parte de la intimidad de las personas. No puedes ir preguntando eso por ahí, así como así, porque, ¿con qué fin?”. Y Manuela abrió la nevera y sacó una tableta de chocolate en silencio, un silencio de armario viejo. Empezó a romperle el papel con descaro, con picardía traviesa y se sentó a comer la primera doble onza. El chocolate se disolvía de forma efervescente entre sus labios, su lengua… y lo tragaba suavemente con la misma naturalidad con la que se quitaba las bragas cuando estaba en casa. Y así, sin dogmatismo, ni drama, de forma clarividente y, por supuesto, vehemente, declaró: “Bueno, esto quiere decir que tu hermana se toca el toto”.

Manuel se llamaba el padre, Manuela la mujer… y tenía dos hijitas que se llamaban…


jueves, 23 de junio de 2011

Sin 'quizás'


He pasado la noche con él. He escrito versos de amor a aquel. He escuchado caer la lluvia, a ritmo de Grace, mientras me abrían con la lengua los muslos. Pero, querido, eso es sólo literatura y sexo.
Con ellos busco lo que no me das y a ti te anhelo aunque me des nada. Con ellos soy una, contigo soy todas. Todas. ¿Qué me falta para que me lo quites?
Sí, he quedado contigo. Sí me has dado un abrazo, me has retenido entre tus brazos mientras me olías el pelo, he sentido como te convertías en tres al calor de mi lumbre. Sí, le he llamado al despedirte. He corrido ansiosa por encontrar prosa, por pasar la noche con alguien que me quiera un poco menos pero que me quiera desnuda. Sí. Sólo me diste un abrazo. Sí, te quiero tanto que no puedo evitar besar otros labios cada vez que tú me haces daño.



viernes, 25 de marzo de 2011

9 Songs





El caldo me ha quedado morado –no sé por qué puse lombarda a un cocido-, la lavadora sigue girando en un ataque epiléptico, mi cuarto ya está limpio tras los restos de aquel naufragio, he tecleado durante horas para acabar eso que se supone que era tan importante y he decidido ponerme a pintar (pintar, dibujar, “crear”, que no pintarme el ojo). Mientras pongo música de fondo, lo más gafapasta que se me ha ocurrido después de haber estado de maruja pelando judías verdes y pasando el aspirador… Y suena mi lista de reproducción. Suena mi B.S.O


Canción 1: Fue hace tiempo, pero aún tengo un blues para ti. Tardes de siesta, apuntes en la mesilla junto a una caja de condones, cuerpos anudados tras haber hecho el amor (porque sólo hacíamos el amor), océanos de ti sobre mi cuerpo y mi boca, palabras bellas, al oído, tan presentes como tu sexo dentro de mí... Used to be so easy. Muy fácil. Todo era muy fácil hasta que decidiste que era mejor buscar mujeres que follarte para demostrarte que ya no eras un niño. Supe entonces que el amor no era mi amigo. Sonabas suave, sonabas dulce… So long, it was so long ago, But I've still got the blues for you.


Segunda pista de audio mientras he bocetado y borrado mil veces un montón de nada: Y si los blues rompen, el rock es para los chicos duros… Esta no es una canción para los que tienen el corazón roto. Me follabas hasta hacerme gritar, alto, muy alto, la mejor forma de demostrar a los demás que yo era tuya. Una canción con un toque sureño aún siendo del norte. It’s my life, it’ now or never. Por la cadera, por el pelo, dejándome sin aliento, sin nombre. Bajé la canción… My heart is like an open highway… Me bajé de tu coche, “nene”, esta es tu canción pero no la mía.


Arranca la tercera. Muevo el pie, ligeramente la cabeza:1, 2 3, y no hay un “responda otra vez”. Lo mismo es que lo puse en bucle eso de salir con este tipo de tíos, no sé. Lo mismo suena a rumba, que a canción de culto, que a canción de fiestas de pueblo... Y es que tengo un amor en la calle, amor que es de compraventa. Parecían historias divertidas, coloristas, originales, un golpe de efecto entre las piernas para rebajar tanta intensidad pero, tras la segunda estrofa, ¡ay, qué pereza! Si acaso tuviéramos que dejarlo sería como un barco sin timón. Menudos polvos bizarros, igual que la frase. Eso sí, Vivan las mujeres y viva el amor, ¡Ole!




Suena mi mvl, lo dejó sonar... Cuarta canción.
A veces encuentro una razón, a veces denigrante, pero me mueve el corazón. Rima fácil. A veces se cuelan en mi habitación, en mi vida, en mi piel… Porque sonabas más divertido que interesante, porque jugabas con mi ombligo… Te pegaste a mi pecho como si fuera un velcro. Un orgasmo, y ahí empezó el amor. Sí, tan sólo con mirarte…, tendría que reconocer que no tengo razón… ¡Bravo! La canción sonó perfecta durante toda tu actuación. Pero fue solo eso: me deslumbraron tus luces de neón. Lo indie, a estas alturas, me parece un cuento… Aún así, como politono está bien.


(Paparapapa paaaa) Colgó.


Qué típico. Qué irresistible. ¿Vamos por la quinta?
[Sube el volumen…] Sin velas, con alevosía, se escucha el crujir de mis medias, el aliento castañateando… Muevo la cadera por si te empalmo. Poco recomendable (tú) pero… cómo me miras, perfecto encuadre, luz, labios... Baby did a bad bad thing. ¿Esta es una historia en presente, pasado? Te acercas, sin que medien palabras: tú me deseas y yo deseo un futuro e incierto encuentro. ¿Y si olvidamos quién soy: el aroma infantil o el aspecto trajeado? You ever tried with all your heart and soul to get you lover back to. Me masturbo ante ti, solo para que me folles una vez más. Baby did a bad bad things. Qué típico, qué sexy, qué irresistible… En este tema lo único complicado es repetir en inglés el estribillo. La canción suena tan sólo una vez, no sea que vaya a aprendérmelo demasiado rápido.


Y en el silencio de la noche sorbo mi taza mientras me siento junto a la ventana para escuchar esta canción.
Firme candidata a convertirse en el tema central de mi BSO. Así soy, así éramos, así somos. Gigantes para algunos, bestias para muchos. Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz. En un mundo descomunal me hiciste dejar de temblar. Me da miedo la inmensidad, me es más fácil jugar. Estamos cerca, tan cerca… que ahora dime lo cerca que ando de entrar (en ti). Demasiado, supongo. Creo en los fantasmas, terribles, de un extraño lugar. Enormes, frágiles… En estos casos, mejor pasar sin tropezar, al menos hoy. 
Curioso, una canción sin piel, pero la tocaron.


Pista 7:
El sol está empezando a desperezarse. Observo el dibujo, aún sin terminar.  ¡Vaya, pensaba que este color era azul!  Los tarros de pintura son engañosos, como los Príncipes Azules, que destiñen. Au Belleville swinging rendez-vous, J' veux pas finir ma vie a Singapouuuur, (Singapouuuur)… Tras los melodramas sentimentales, tras el sexo como droga dura, las historias originales o las frustradas por perfectas, a veces viene bien una nota distendida. Me gusta esta canción: divertida, fresca, amable para no rayarte… Me escuchabas, rondabas mi falda como quien limpia un florero pero sin cambiar el agua… Me decías “bonita” aunque no me lo hicieras sentir… Y me mirabas como quien mira una tarta detrás de la vitrina. Y me abrazabas por sentir mi cuerpo pegado al tuyo con la ropa por celosía. Y me llamabas por teléfono desde la cama por meterte conmigo en ella. Au Belleville swinging rendez-vous, J' veux pas finir ma vie a Singapouuuur, (Singapouuuur)…   Fácil, esquiva, pueril. Nuestra relación: una eterna “Y”. Suena bien esta canción pero yo el  ‘francés’, a secas, no lo entiendo.


Abro la ventana para que la mañana entre de golpe. Me lavo la cara y percibo los acordes de una canción imposible, perfecta.
Perfecta por imposible, por ser un bocado perfecto que se disipa lentamente, como el agua en los charcos. Wherever you go, Wherever you land, te diré lo que esto significa para mí. Primero, los acordes, tímidos pero de una dulzura y sutileza embriagadora. Te relajan, te hacen sentir cómoda, “en casa”, tú misma. No hay nada más seductor que alguien logre que el tiempo pase suavemente. Pero existe un “pero” But this is what love is for, To be out of place, Gorgeous and alone, Face to face. Sí, esto es el amor [escucha ese punteo, por favor, certero, inolvidable y cierto]… Esto es este amor imposible: precioso y solo. Sólo durará este instante. Me ofreces el aquí y ahora… Y afincado en mi memoria poética esperaré el próximo instante. With no larger problems. Ahora sé que no hay nada más importante que saber que alguien (tú) me está escuchando. Canción imposible. Suena perfecta. Tócala, tócame una vez más.


El sol ya es una mera anécdota en el día. Escucho a los primeros transeúntes en las calles, pequeño taconeo feliz al dejar la puerta del portal atrás. La música ha cesado. La cafetera hace “shushushu”, la escoba hace “rasrasras”, el vecino se despereza “buaaaas”. La cortina ondea cual símbolo de la república ventilada de mi casa. Mi dibujo, en la mesa. No es una obra de arte. Quedan atrás las pinturas, los tres sobres de te en una taza divorciada, goma de borrar por no borrar lo importante y una sonrisa medialuna. Mi dibujo, sí, no es una obra de arte. No, no lo es. Protagonistas cada uno en su mundo y a la vez extras del mundo de los demás. Tots entrecreuant-nos... Miles de vidas, de centros de gravedad. Millones de rastros,  infinits plans de futur. Cojo celo y ubico “el lienzo” sobre el póster enmarcado de Una noche en la ópera. La habitación parece distinta. Enciendo el ordenador y busco una canción: Protagonistes, de Pau Vallvé. Definitivamente, he encontrado mi canción.


La novena.




martes, 21 de diciembre de 2010

Crónica de mi ceguera


Son las 4 de la tarde. Todas las persianas permanecen aún bajadas en una especie de sueño obligado, ahogado en lentitud y aparente silencio. Permanezco tumbada en la cama, desnuda. Me he duchado con agua hirviendo lavando cada parte de mi cuerpo como si quisiera con ello lograr mi virginidad para ti. Suena el telefonillo y me levanto despacio. Cada una de las vertebras de mis cervicales, lumbares, dorsales se va desanudando y flirteo con mi sombra que cada vez se va haciendo más y más grande. Llego a la puerta y abro. Huelga cualquier nombre o frase del tipo “soy yo”. Abro, abro la puerta y con ello yo misma. Te espero en la puerta así, abierta y desnuda. A sabiendas provoco mi vulnerabilidad: tú, vestido y yo, piel errante. A sabiendas provoco mi excitación. 


Entras en ese sueño de persianas y en el mío al cerrar la puerta. Me contemplas. Disfruto percibiendo cómo me recorres con la vista y el vértigo de tus pupilas descendiendo por mi piel que se va alejando, poco a poco, rumbo a mi habitación. Me sigues. Has esquematizado en mis formas la ruta de tu deseo: pecho, labios, coño. Y yo siento la necesidad de follarte con la boca de un modo tan sucio y lascivo como tierno e irreal. “Cierra mis ojos y tendrás mi piel”. Te pido que me vendes los ojos, te pido que me los castres, que me ciegues. Te pido convertirme sólo en olfato y tacto. Te pido un rapto, te suplico un secuestro, te ruego un sueño. 


Tapas mis ojos con tu corbata que anudas desde mi espalda. Silencio. El silencio es sólo una apariencia. Siento cómo toneladas métricas de vigor masculino crecen pegadas a mi culo. Huelo una mezcla entre aliento y sexo, dominación y miedo. Te siento y te huelo a ti. A tientas te acerco a la cama, te hago sentarte. Paladeo tu cuerpo con mis manos bocetando tu cuello pluscuamperfecto. Tu torso templa mis manos, tu olor me besa la barbilla. Pero quiero estar a tus pies. De rodillas buceo por tus muslos con mis manos y mi boca. Huelo tu polla, próxima, y exhalo el aroma con tanta intensidad como si fuera la única posibilidad de fundirme contigo. Torpemente empiezo a bajar tu cremallera del pantalón con mis labios. El sonido marca la métrica de cada centímetro de tu sexo y mi coño se convierte en un triángulo equilátero con el descenso. Termino de bajarte los pantalones sin que mi cara se separe de la visión ciega de tu miembro. Lo libero y con la punta de mi lengua lo agito hasta que me sacude con un cachete simbólico en los labios. 
Tu respiración se para.
Se para tu mundo y yo lo domino.
Lo domina mi aliento que respira sobre tu glande. Lo domina mi saliva que gotea a lo largo de tu polla. Lo domina mi dedo, presencia invasiva que amenaza lo más oscuro e íntimo de tus prejuicios. “Me gustas”. Y ese susurro suena más provocador, pasional, pervertido y hermoso que si me hubieras devorado el ombligo eternamente, mi amor. Abro la boca en un fa mayor y te follo con tanta intensidad y ternura que tu fiebre es inmediata. Me inundo mientras me ahogas. Me pierdo en cada ascenso y descenso sólo guiada por tus manos que dirigen mi cabeza con armonía… Y nada como observar cómo tu polla crece de forma progresiva e incontrolada usurpando el espacio de mi lengua. 


Me tumbas cuando no puedes más… Ahora, tú de rodillas ante mí; yo, un altar blanco, impoluto, cierto, tembloroso. Escucho como te masturbas mientras te recreas en la imagen de mi cuerpo. Escucho tu respiración, la agitación de tus dedos que ahogan tu polla como si fuera yo misma: yo misma a cuatro patas, yo misma sentada en una silla y maniatada mientras me follas, yo misma pequeña y sumisa gimoteando mientras me penetras, yo misma empapada en litros de ti. Siento que estás cerca y devota espero tu esperma. No sé si será entre mis muslos, no sé si será sobre mi pecho de talco, o sobre mi pubis, o sobre mis labios entreabiertos… Ciega espero… Y en un estertor cálido de placer derramas sobre mi vientre un reguero de leche lácteo. Mi piel brilla, mi sexo se desinfla. Con suavidad me liberas de la venda que acallaba mi vista. Sonrío al verte, ver tu cara. “Mírame”. Y mediante círculos dibujas mi ombligo con la yema de tus dedos. Recoges algo de semen entre ellos... “Mírame”… se acercan hacia mis labios. Abrazo con mi lengua esa tibiedad, lamo la falange de tus dedos, disfruto del sabor y olor, del tacto dulce. Beso tu orgasmo. Has entrado en mi sueño. Has terminado dentro de mí.


Foto de Erotismo

sábado, 20 de noviembre de 2010

Cansada, (Del part. de cansar) dicho de una cosa que decae

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No voy a hacer literatura. No tengo ganas. Estoy cansada. Muy cansada. Cansada físicamente, sí, pero rota por dentro por no saber, no comprender, no encontrar. Estoy cansada de escucharme, de hacerme entender… Hoy sólo quiero follar, follar y que me arranquen el nombre, que me hagan sentir piel, saliva, dientes, lengua, sexo… No quiero pensar qué significa ese momento, no, sólo quiero quedarme rendida y ahogada por mis propios gemidos. Quiero que brote el asma en la búsqueda de oxígeno tras cada embestida. Será mi borrachera particular, follar por no pensar. Tu semen por mi cuerpo como si fuera vodka, tu polla en mi boca como un hielo en mis labio que se deshace en el fuego de mi lengua.  No quiero ser la tierna, ni el bocado perfecto, ni que me pongan en un altar para adorarme. Quiero follar (o que me follen, que es lo difícil). No quiero dulcificar ni edulcorar mis palabras porque no quiero hablar. Quiero quedarme rendida a tu lado, o al tuyo, o al de aquel. No quiero que se alineen los astros ni que suene de fondo una canción increíble con la que enmarcar ese momento en mi memoria poética. Sólo quiero quedarme dormida. Y es que estoy muy cansada.

domingo, 7 de noviembre de 2010

En el buzón


Ilustración de  Antonio López


Amado señor mío:
No tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá. Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si te es posible, y acaríciate, …
 … son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio, es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarlas y mirarte, amado señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo,…
… estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro,…
… o tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios, allá abajo, y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé  la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, y si no me crees abre los ojos, amado señor mío, y mírame, …
… soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño,…
… mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada,…
… no queda tiempo para huir ni fuerza para resistirme, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final.
 No nos vemos más, señor.
 Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vos lo sabéis. Creedme: lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mí. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.



  SEDA- Alessandro Baricco