
La puerta entreabierta. Entro.
Con un gesto cierro la puerta –de Pandora- conmigo dentro.
Camino por el pasillo deseosa, excitada, sin miedo, y sigo dentro, aún más dentro. Conscientemente, dentro.
Me miro en aquel espejo, y me sorprende encontrarme.
Él está de espaldas, escribiendo o trabajando, o bebiendo, o no haciendo nada, pero de espaldas.
No sé qué piensa, ni qué espera, ni qué quiere…
No sé cómo ser, ni qué decir, ni qué sentir…
Sólo sé qué quiero. Qué necesito.
No espero nada.
Me levanto la falda y me bajo las bragas con poca sutileza, pero con falso descaro.
Me agacho a por ellas. Las cojo con una mano.
Sí, están mojadas.
¿Cómo se juega a ser sexy?
¿Cómo se juega a ser atractiva?
Le saludo verbalmente. No hace ademán de levantarse.
Apenas me mira. Le fuerzo, aún sentado, a darme dos besos.
… me habla de física, o de diseño, o de tendencias. Lo mismo no me está hablando.
Me esfuerzo por seguir su conversación.
Abro mi mano y dejo, ante sus ojos, las bragas sobre la mesa.
…
Las mira sin mover la cabeza, sin cambiar el gesto, sin interrumpir su discurso.
…
Pienso en la puerta.
Está cerrada.
Pienso en si una actitud sexy me daría una mayor ventaja.
Me relajo en mi silla. Opto por ser la que soy.
Cojo de la mesa las braguitas y me las vuelvo a poner ante los ojos de mi interlocutor.
“Ven”, me dice.
Y mientras termino de subírmelas le sigo hasta… su cama.
“Desnúdate”, me reta.
Obedezco la orden sin cuestionarla, sin excitación, sin morbo.
Sin ritual me tumba en la cama y me abre las piernas.
No soy capaz de relajarme ante tal falta de artificio amatorio.
¿Realmente necesito amor? No. Necesito sexo.
Y ante tal aplastante respuesta me abandono y me empiezo ahogar entre mis propios gemidos. Mi piel renace ante mi sudor, ante la imagen de mí misma abierta de piernas sobre esa cama.
Con su dedo dentro de mi coño, comienza a escalar por mi cuerpo hasta alcanzar mis pezones. No se detiene en adornos, en sutilezas lascivas.
Y quiero que me penetre, que me arranque con su miembro todo lo que se ha quedado ahogado en mí. Quiero que me haga gritar, llorar.






