lunes, 29 de marzo de 2010

El tiempo de lo posible



Tenga más de tres historias que contar (sexies y muy gráficas), alguna parodia que hacer de mí misma (porque lo erótico no es siempre “cool” ) y otras tantas reflexiones sexuales que hacer (ninguna categórica pero sí vehemente). A veces es cierto que me pongo mi mejor disfraz —como diría la canción— porque ser valiente es norma obligada de la casa y combino el porte y seguridad de mi talante (y físico) con la ternura y fragilidad de mi tacto.

Ha sonado mil veces el despertador hoy lunes. Me he duchado con agua muy caliente. Me he echado crema en el cuerpo tras la ducha y me he tumbado en la cama desnuda. Me encanta hacer eso todas las mañanas, mientras mi piel se bebe la crema. Me he puesto a pensar en si me veía distinta. En si debía verme distinta. Y no, me siento igual de pequeña, igual de alocada, kamikace, igual de pasional, de intensa, de sensible, de bohemia, de lasciva y de curiosa. Un año más vieja. Llevo preparándome varias semanas para este día y me he “rayado” todo lo que estaba escrito. Creo que necesito vacaciones de mí misma y de tanto pensar (los racionalistas emocionales son de lo más cansinos, además de ser un coñazo).

¿Sigo siendo pequeña? He pensando en qué momento dejaré de serlo, por segunda vez. ¿Cuándo tenga hijos? ¿Cuándo ‘me case’? ¿Debo de dejar de serlo? ¿No avanzar implica retroceder?

Al llegar al despacho tenía un mail de una amiga mía del gremio:


*****************
Un año más…. Jugando a quitarle y ponerle horas a un reloj por antojo de los que dicen mandar… robando sueños a una esfera de café que no existe… dicen que hoy pones un año más en tu
maleta de sueños….

Dicen que creces… y que inicias los XX. Dicen que has acabado tu década de las locuras. Y que empieza la calma, la serenidad… la madurez. Dicen que cumples XX.

Y yo sigo mirando tus
ojos, tus manos, tus pies, tu risa, tu ternura, tus besos, tus abrazos… y solo veo una niña. Fíjate…dicen que cumples XX…….. y yo sólo veo una niña. Preciosa y cariñosa. Llena de eternidad y de vida. Llena de cariño y de nostalgía.

Que no nos muevan nuestras manecillas…. Que no nos quieran poner esferas a nuestros granos de café… que no nos roben nuestros sueños… que no nos quiten las ganas de JUGAR. De reír. De Soñar.

Te quiero. Siempre contigo.


****************

Me ha hecho ilusión encontrar justo la respuesta que necesitaba. Se ha vuelto todo de otro color, más positivo y optimista. He recibido, a esta hora de la mañana, noticias de toda la gente que ha forjado mi personalidad . De todos los hombres que han significado o significan algo —sea lo que sea— en mi vida.

Un lujo. No he sabido verlo hasta ahora, que es un lujo formar parte de la memoria poética de tanta gente de forma tan amable. ¿Cambiar? ¿Avanzar? ¿Una ruina seguir siendo la misma?

Se me ha dibujado una sonrisa “faunesca”. Se me ha dibujado un abanico de posibilidades. Porque el tiempo de lo posible lo es cada uno de mis días. Porque él o aquél sólo son capítulos de mi vida. Mi auténtica historia aún se está escribiendo. Sin duda.



Pd: Y este es un post coñazo del todo. Ni lo voy a repasar y lo mismo me da que reúna el estilo y el carácter retórico con el que intento dotar a mis verbos. Sólo lo quiero dejar escrito por si me olvido en algún momento. Y hoy brindo por todos vosotros. Que me quiten lo bailao ;))))

jueves, 11 de marzo de 2010

Reflexiones

"Herencia..., evolución…: transmisión. El verdadero valor no está tanto en lo que generosamente hemos heredado, como en aquello que generosamente debemos aportar." de Antonio Jiménez Torrecillas.

lunes, 22 de febrero de 2010

Lunes de domingo


¿En qué puto momento se me ocurrió enamorarme? En serio… ¿cuándo y por qué? No es sólo que ayer se me pasara por alto que era domingo y hoy lunes lo haya advertido. No es sólo que llueva, que tenga la ropa tendida y que tenga que volver a lavarla. No tiene nada que ver con que hoy no me llame. No tiene nada que ver con nada. Pero por qué se me ocurrió y, lo que es peor, por qué sigo. Hace un mes que sé que iba a estar justo en este mismo punto… Me sorprendí a mí misma llorando porque le echaba de menos y lloré aún más fuerte por la evidencia absoluta de que sentía más de lo que creía. No, en serio, quién coño me mandó a mí enamorarme. Y me engaño a mí misma cuidando el plantel de conquistas pensando que con ello sigo siendo la misma, sigo teniendo la misma vida pero… es lunes y estoy doblando calcetines.
Me gustaría decir que son medias de encaje, lencería fina, camisas vaporosas… pero no, son unos absurdos y prosaicos calcetines. Muy coloristas pero, al fin y al cabo, tienen los talones gastados. Me he sentado con la idea de añadir algo cool y bohemio a mis pintas de “ama de casa” pero estoy leyéndome y esto parece un monólogo de los malos del club de la comedia. Será que cuando estás enamorado pierdes la gracia, no sólo el erotismo.
Definitivamente es lunes y me sabe a domingo.
Me siento de domingo, sí.
Creo que iré a masturbarme.
Porque como dijo Unamuno, “el sexo es el opio del pueblo. Opio, sí. Démosle opio (al pueblo), y que duerma y que sueñe”.

viernes, 8 de enero de 2010

Lunas sin luna

Olvida todo lo que voy a decirte.
Quédate con el murmullo de mi voz y con la sensación plácida de haberme cuidado.
No podía dormir. No podía. Mi cabeza no paraba de hacer señales de humo a mi cuerpo para que permaneciera despierto. Pero debía dormir.
Mientras, el sonido del Tic Tac me desafiaba a una distancia prudente para que, de forma sutil, fuera consciente de él… Y pasaban los segundos, los minutos, y seguía despierta. Empecé a imaginar cómo lamías los labios de mi boca como si fuera un pedazo de turrón. Me turbó el recuerdo del calor de tu lengua en algún lugar de mi cuerpo.
Me humedecí… pero olvídalo.
Empecé a mojar mis dedos en mi sexo por llevarlos a mi boca y saborearme, por ser consciente de cuántas ganas tenía de ti. La señal era inequívoca: muchas.

Empecé a tocarme y no sé por qué empecé a imaginarme a todos los hombres con los que había tenido sexo en el último año.
Me imaginé de espaldas, contra la pared y con las manos apoyadas en ésta, con la falda medio subida, con las bragas puestas y con ellos detrás mía, contemplándome. Uno por uno empezó a poseerme, pero olvídalo: uno despacio, agarrándome de las caderas con delicadeza por miedo a hacerme daño. Otro me abría los gluteos con fuerza mientras embestía dentro de mí. Mi pecho temblaba con cada penetración y me mojaba, sí, me mojaba por dentro y por fuera. Pensaba en cómo me comía aquel, en la polla dura del otro mojándola con mi sexo de talco. Uno más, otro que me lamía la espalda mientras rápidamente me follaba, aquel que me tiraba del pelo para metérmela hasta rozar mi orgasmo… Y apareciste tú, el último.
Con suavidad abriste mis piernas. Con suavidad te metiste en mí. Con suavidad y vehemencia me penetrabas, me susurrabas, me perdías… Y fue pensando precisamente en ti, la única persona con la que no he follado, con la que tuve el orgasmo más sublime y verdadero.

Y fue así como me dormí.

Me dormiste.
Pero olvídalo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

I have a dream

Te escribo no con la intención de excitarte sino de compartir mi intimidad contigo. Compartirla de la misma forma en la que escuchamos música, vemos alguna que otra película o salimos de copas. Por eso quería decirte que anoche “estuviste” conmigo.

Cerré los ojos. Tuve la sensación de que estabas a mi lado —aunque ya te echaba de menos—. Y tenía ganas de tu cuerpo, no por puro sexo, que también, sino por tenerte aún más cerca: olerte, sentir el calor de tu cuerpo sobre mi piel, sentir tus manos aprensándome para hacerme consciente de que yo estaba ahí…

Y me pongo tierna pensándote ahora. Y me sentí tremendamente excita imaginándome de espaldas a ti con mi cuerpo rozándote. Y me puse tierna pensando que me besabas la espalda. Y me mojé al imaginarte introduciendo tu mano entre mis piernas…

Y me besabas entera. Porque tengo necesidad de besos. Y me dibujabas con tu lengua: los pechos, los costados, las costillas, el ombligo, la pelvis…. Y te quedabas oliendo mi sexo y echabas tu aliento sobre él mientras que con tus dos manos abrías ligeramente mis muslos. E imaginé tu lengua tímida y sutil rozando mis labios. Y suspiraba. Suspiraba mientras mi dedo era una prolongación de tu lengua.

Y con las piernas abiertas te imaginé rodeándote…
Y te eché de menos.
Mucho





miércoles, 2 de diciembre de 2009

La abogada

Nunca hablo de mí en un espacio público. Aunque hable de emociones o algunas situaciones vividas la literatura siempre las adereza, las transforma... Es mi gran amante, desde que era una nena. Pero llevo dos meses raros, equilibrados, tranquilos, menos noctámbulos. La caótica se ha esfumado. También siento que he perdido el erotismo. Que he perdido la sensualidad. Tal vez he abandonado la necesidad de sentirla para sentirme yo. Me siento romántica, "cierta" -como diría aquel, que eres tú-, segura con lo que hago e insegura con lo que siento...
Llevo meses sin necesitar a la Abogada.
En los que no necesito reivindicar aquello que pienso que se me debía -siempre fui una apasionada de la "justicia"-..
Donde he dejado de necesitar vivir en el pasado.
Donde he dejado de necesitar aquel 'clic' que nunca me fotografió -por cierto-, aquellas escaleras, los bailes con Gilberto Gil, aquellas llamadas manteniendo algo que nunca existió, las perversiones de calendario, las escapadas de gata nocturna, mis anonimatos, los encuentros a medio camino sin que mediara ningún paso...
El amor ha dejado de quemar.
Sigo sintiendo y el corazón no se ha parado.
Perdí el toque en mis letras, ¡ains!
Pero espero que me dejes quedarme... contigo, y contigo y, por supuesto, contigo.


Firmado: La Abogada

martes, 1 de diciembre de 2009

La caja de Pandora


Último tramo de escalera. Último pasos. Los primeros.
La puerta entreabierta. Entro.
Con un gesto cierro la puerta –de Pandora- conmigo dentro.
Camino por el pasillo deseosa, excitada, sin miedo, y sigo dentro, aún más dentro. Conscientemente, dentro.
Me miro en aquel espejo, y me sorprende encontrarme.
Él está de espaldas, escribiendo o trabajando, o bebiendo, o no haciendo nada, pero de espaldas.
No sé qué piensa, ni qué espera, ni qué quiere…
No sé cómo ser, ni qué decir, ni qué sentir…
Sólo sé qué quiero. Qué necesito.
No espero nada.

Me levanto la falda y me bajo las bragas con poca sutileza, pero con falso descaro.
Me agacho a por ellas. Las cojo con una mano.
Sí, están mojadas.
¿Cómo se juega a ser sexy?
¿Cómo se juega a ser atractiva?

Le saludo verbalmente. No hace ademán de levantarse.
Apenas me mira. Le fuerzo, aún sentado, a darme dos besos.
Me siento
me habla de física, o de diseño, o de tendencias. Lo mismo no me está hablando.
Me esfuerzo por seguir su conversación.
Abro mi mano y dejo, ante sus ojos, las bragas sobre la mesa.

Las mira sin mover la cabeza, sin cambiar el gesto, sin interrumpir su discurso.

Pienso en la puerta.
Está cerrada.
Pienso en si una actitud sexy me daría una mayor ventaja.
En si puedo serlo, en si de verdad lo soy.
Pienso en por qué estoy allí, en por qué mi lencería estaba húmeda, en por qué entré…
Me relajo en mi silla. Opto por ser la que soy.

Escucho, intervengo, reflexiono.
Cojo de la mesa las braguitas y me las vuelvo a poner ante los ojos de mi interlocutor.
“Ven”, me dice.
Y mientras termino de subírmelas le sigo hasta… su cama.
“Desnúdate”, me reta.
“Déjate las bragas puestas”, me desconcierta.
Obedezco la orden sin cuestionarla, sin excitación, sin morbo.
Sin ritual me tumba en la cama y me abre las piernas.

Me lame, no me besa; me lame y chupa el clítoris sorteando mis bragas con su lengua mientras, con sus manos, separa cada vez más mis muslos.
No soy capaz de relajarme ante tal falta de artificio amatorio.
¿Realmente necesito amor? No. Necesito sexo.
Y ante tal aplastante respuesta me abandono y me empiezo ahogar entre mis propios gemidos. Mi piel renace ante mi sudor, ante la imagen de mí misma abierta de piernas sobre esa cama.
Con su dedo dentro de mi coño, comienza a escalar por mi cuerpo hasta alcanzar mis pezones. No se detiene en adornos, en sutilezas lascivas.
No abre la boca más que para comerme sin contemplaciones y advertirme: "no te voy a follar hasta que te hayas corrido tres veces".
Y quiero que me penetre, que me arranque con su miembro todo lo que se ha quedado ahogado en mí. Quiero que me haga gritar, llorar.
Me concentro en mí misma, en mi propio orgasmo. Trato de eludir qué soy, cómo soy y por qué estoy allí, abierta de piernas, mojada, decidida, cierta, consciente...
Y sin parar de mirarme, sin dobles intenciones, ni mensajes entre líneas...
Y sin su miembro pero sí con sus dedos, sus manos, sus labios, su piel...
Y sin minutos, su fuerza y su temperamento...
Dos.
Muero con dos.
Su boca llena de mí me besa, ahora sí, con absoluto respeto y cariño.
Respiro, sonrío.
¿Qué es ser sexy?
Me visto sin ceremonias. Visto a la mujer que me siento, por fin.
Me despido.
Salgo por la puerta, pero aún sigo dentro, dentro, entré.
Entré en la Caja de Pandora.
Bajo las escaleras mientras saco del bolso el móvil.
Un mensaje sin leer parpadea.
Doy a responder:
"Cariño, estaba en la peluquería poniéndome guapa.
Compro el pan pero puedes acostarte si estás cansado. Besos".
Enviar.
Sí, me quedo dentro de la Caja de Pandora.

martes, 13 de octubre de 2009

De tanto latir



Ando bebiéndome las calles, respirando otro amor.
Añorando algo que jamás tuve.
Mendigo, sí; mendigo besos, abrazos con todo el cuerpo, caricias discontinuas, arañazos verticales, que me hagan llorar. Y palpito.
Y lloro. Lloro porque no sé qué quiero pero sí lo que no quiero.
Lloro porque necesito darme, arrancarme y dolerme en cada impulso.
Y pun-pun... pun.
Lloro porque no quiero que estén a mi altura, ¡que se suban a una silla!
Que yo lo que quiero es que me desordenen el nombre y me arranquen el apellido.
Pun pun- pun pun.
Y el tiempo pasa. Pasa el tiempo de lo posible.
Que surja la magia cuando te rocen la piel. Que el tiempo pase suave.
Suave, suave como la luz que repiquetea en mi ventana.
Y me dice no.
No a mi piel, a mis manos, a mi voz.
No.
No.
Retumba el no y odio el mí.
Pun pun... pun pun.
Y hoy no haré el pino para ver la sonrisa al horizonte.
Y hoy no haré eco al andar.
Me callaré. Me callo.
Y es que de tanto latir se me parará el corazón.